DESCUBRIENDO LA VERDAD EN LOS TOROS

Los hombres estamos en una permanente búsqueda de La Verdad. A la verdad, no se la inventa, se la encuentra.

El hombre como ser racional es materia y es espíritu. Como la entendemos y la descubrimos, la fiesta de los toros es un ejercicio espiritual, es metafísico, que trasciende desde valores como el pundonor, la estética, la libertad, la ética y la inteligencia.

Partamos de esta premisa: Dígame usted señor animalista, ecologista, vegano, ideólogo de género, socialista, fundamentalista, indefinido, pacato, acrítico y autocomplaciente. Denos un concepto sobre el toreo. ¿Puede hacerlo desde su superioridad moral sin siquiera haber asistido una sola vez a una corrida de toros?

NO LO PUDE HACER, y si lo hace, como es su lugar común; Parte de una falsedad absoluta, de una verdad inventada, de su otra realidad: De la de Disney y Ferdinand. Le invitamos pues a que descubra LA VERDAD EN LOS TOROS.

La inmensa mayoría de aficionados a la fiesta de los toros, la descubrimos desde muy temprano, es algo que  nos viene casi desde la “nacencia” - Haciendo una analogía con el flamenco. De allí nos viene esa verdad; Es la verdad que descubrimos sin siquiera habernos dado cuenta. Diremos entonces que nos viene de la Matria. De ese vientre materno que nos da el carácter. Igual que la familia, la religión y la lengua. Yo personalmente me alimenté espiritualmente de los relatos de mi abuela de su hacienda ‘El Taxo’ ó Taxurcu. Las capeas en las que me contaba con detalle como habían toreado el abuelo Pepe, el tío Ernesto ó el tío Rubén. De los novillos que iban los mayorales a traer del Páramo. También de los relatos de mi madre y de mi padre de las corridas en la Plaza Las Arenas de Quito.

Esta es la primigenia verdad que los antitaurinos desdeñan, odian y desprecian. Un origen cultural y de sangre, que viene de una tierra lejana que tiene la forma de una piel de toro: de España. Odio inoculado desde la escuela con la leyenda negra de la conquista y la leyenda rosa de la independencia.  Agravada actualmente por el marxismo cultural, el indigenismo,  el globalismo y el nuevo orden mundial.

Sin esta verdad primigenia es bastante difícil descubrir la fiesta de los toros, pero no es imposible. Lo hicieron librepensadores como Ernest Hemingway, Orson Wells, Ava Gardner, et al.

El segundo descubrimiento es en la plaza de toros. De la mano de mi padre en la temporada chica de la Plaza Quito (así se conocía a la temporada de novilladas en los años 60 y 70. A partir de los años 80 tomó el nombre de Prefería.) Allí descubrimos al primer héroe de carne y hueso. Al torero, en mi caso fue un novillero colombiano Jorge Herrera. Un hombre que con tan sólo un trapo se enfrenta a una criatura apocalíptica que lo puede matar, y que se gana la vida enfrentando la muerte. A veces sale airoso, otras en el hule a la enfermería. Mi primer recuerdo de una impresionante cogida es en un festival en la plaza de Cayambe al ganadero y aficionado práctico José María Plaza. En un arreón el morlaco no obedeció los revuelos del capote y fue a la querencia del toril y le metió la cornada. 



Trágico cartel de Posoblanco.  Ronda, España 1996


A esta época posterior corresponde la muerte de Francisco Rivera Paquirri en Posoblanco. Torero al que habíamos visto un sinfín de veces en la Plaza Quito y al que habíamos pedido un autógrafo. Este tercer descubrimiento es el más importante. LOS HOMBRES MUEREN. Tarde ó temprano y a nosotros también nos va a tocar, y a la muerte hay que enfrentarla todos los días. Como los toreros.

El tercer descubrimiento es en el campo, en las tientas y capeas ó “toros de pueblo”. En mi caso fue en los páramos de Pillaro. Mi padre como ingeniero militar fue a construir una carretera hacia la represa de Pisayambo y me dejó a mi a cargo de un mayoral en una finca. En la finca había un añojo morucho al que los niños toreábamos. Luego ya participé en una fiesta campera que la compañía Texaco hacia a sus trabajadores en La Avelina y en una capea en Cumbayá.

Esta es la parte más bonita de la afición. El campo, cuando aprendes a montar a caballo y se te mete el bicho del toreo.

El descubrimiento final es posterior a estos y que reafirma los descubrimientos anteriores. Es en el orden artístico. La búsqueda y el encuentro de la belleza. Los poemas de Alberti, García Lorca, Gerardo Diego; las pinceladas de Goya, Picasso, Dalí;La música de Camarón, Agustín Lara, Lola Flores; Narrativa de Hemingway, Chávez Nogales, Felipe Garrigues; Fotografías de Ramón Masats, Pete Oxford y Olga Holguín; Películas de Almodóvar, Cantinflas y Brett Ratner.

Este fue mi encuentro con LA VERDAD. La verdad en Los Toros.

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